EL Observador

20:01 hrs. Jueves 25 de julio de 2013 Eugenio López Laport

Manejo Integrado de Plagas y la protección al consumidor

Eugenio López Laport / Ingeniero Agrónomo Magíster en Ciencias Biológicas, PUCV.

Hay consenso entre productores y consumidores que los alimentos deben garantizarnos su calidad en la presentación y en su inocuidad, o sea, que no contengan residuos tóxicos peligrosos para la salud. Pero las plagas aparecen cada año y la herramienta más usada para su control son los pesticidas.

El Manejo Integrado de Plagas (MIP) intenta regular las poblaciones para que no lleguen a ser plagas, aunque si a pesar de todo alcanzan ese nivel, recurre a pesticidas como última opción pero de preferencia que no dañen a la fauna útil. En el Control de Plagas, por el contrario, se utilizan los pesticidas como única opción.

En el MIP se controla sólo si la plaga alcanza un nivel crítico (Umbral de Daño Económico = UDE) lo que lleva a disminuir las aplicaciones. Se hace un seguimiento de la evolución de la población en el tiempo para ver cuándo alcanza el máximo aceptable y para evitar que aumente realiza manejos culturales y favorece el control natural. Si a pesar de ello persiste la población crítica se desinfecta.

En hortalizas, a diferencia de las frutas en general, no se miden los residuos de pesticidas en ellas. Las frutas que quedan en el mercado nacional suelen ser descartes de exportación que, en su proceso productivo, no se trataron con pesticidas prohibidos y que no se aplicaron más allá de la fecha límite para no dejar residuos peligrosos, los que si son medidos en los mercados externos.

Al comparar el uso del MIP en hortalizas, claramente el tomate de invernadero lleva la delantera. Se utiliza malla antiáfidos que impide o limita el ingreso de plagas, se colocan plantas alternativas en el entorno para reducir la población en el cultivo, se instalan trampas de luz para capturar polillas, se usan bandas de plástico amarillo con pegamento para capturar insectos, se aplican pesticidas por el sistema de riego, se liberan enemigos naturales, se ha fijado el UDE. La rentabilidad del cultivo permite solventar estos gastos y la asistencia técnica especializada.

En hortalizas de hoja, la situación es más compleja ya que muchas técnicas del MIP son desconocidas para asesores y productores. Muchos de los conocimientos disponibles están, pero no validados para su uso masivo. La responsabilidad, por lo tanto, de producir hortalizas sanas no es sólo del productor sino también de los investigadores y de los organismos que destinan recursos para investigación y transferencia.

Al elegir nuestras hortalizas en el mercado nacional estamos apelando al buen trabajo profesional y a la conciencia de quienes toman decisiones de controlar las plagas ya que como consumidores no tenemos forma de detectar si el producto tiene o no residuos peligrosos.



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