EL Observador

13:49 hrs. Viernes 26 de abril de 2013 Marcelo Merino Vergara

Expansión Andina 244

Marcelo Merino Vergara / Administrador Público, Licenciado en Ciencias Políticas

La región atraviesa por un contexto muy preocupante en el marco del proyecto de Expansión 244 de Codelco División Andina. ¿Qué es lo que lleva a generar un megaproyecto minero que signifique, en el largo plazo, sacrificar zonas bajo la lógica de la demanda internacional del cobre? ¿Son decisiones políticas estratégicas y coherentes del Estado de Chile o son decisiones cortoplacistas de una corporación?

Nuestro país no puede darse el lujo de perder millones de metros cúbicos de agua que son un respaldo ambiental y económico para muchos años más. Cambiar minería por agua es, nada más ni nada menos, que dispararse en los pies.

Según señala Codelco, se trata de una inversión de 6.800 millones de dólares que materializaría diversas obras con el propósito de aumentar la capacidad de tratamiento del mineral pasando de las actuales 92 mil toneladas diarias a 244 mil toneladas al día.

Consta de varias obras que se ubicarán en distintas comunas, afectando a comunidades pequeñas, que de una u otra forma se sienten agredidas e impotentes ante lo que se viene. Por ejemplo, el informe ambiental establece que hay 67 sitios de interés patrimonial por su valor arqueológico y también se han identificado 92 especies animales, de las cuales 55 por ciento son vulnerables y 10 por ciento se encuentran en peligro, de acuerdo a las categorías establecidas en la Ley de Caza.

Frente a este y otras dudas que se han dado a conocer, ¿por qué no se discutió a nivel país este proyecto?

Después de un período de cinco años de sequía en la zona norte y centro del país, cada vez es más evidente que dependemos de la recarga de los glaciares para tener agua en los períodos de primavera y verano. Prueba de ello es lo que sucede en zonas como Copiapó, donde los glaciares han disminuido a causa de la intervención humana y con ello la disponibilidad hídrica de muchas poblaciones.

Fue justamente a partir de Pascua Lama, en el valle del Huasco, que la sociedad chilena tuvo conciencia de la existencia de los glaciares en la cordillera y de su función.
Los impactos mineros en los glaciares empiezan con la construcción de caminos durante la exploración, también se perforan para sacar muestras de mineral, se remueven glaciares y por lo tanto se bota hielo, se deposita material de descarte que no se procesa encima de los glaciares, lo que también contribuye a su derretimientos. No existe una política de mitigación efectiva.

El peligro está en el hecho que en Chile no tenemos una ley que proteja los glaciares. De hecho, estos no existen en nuestro marco jurídico, porque en ninguna parte están definidos.
Tenemos una estrategia nacional de glaciares que no es vinculante y que además los define como recursos renovables, lo que no se estipula en ninguna legislación del mundo.

Nuestro país no puede dar este lujo. Pan para hoy, sequía para mañana.



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