EL Observador

18:11 hrs. Viernes 01 de febrero de 2013 Franco Contreras M.

La dura realidad del suicidio

Franco Contreras M. / Emprendedor Turístico

Resulta una palabra punzante que se alza sobre la epidermis como una laceración infame, demasiado ajustada al cuello, profunda en las venas y ulcerosa en el estómago. Como sociedad quizá no comprendemos sus causas, pero sabemos que estamos condenados a vivir con ello y sin ellos(as), estampando fechas de despedida y epitafios originados en arrugados papeles encontrados en algún bolsillo.

Cada año se suicidan casi un millón de personas en el mundo y se estima para el 2020 el aumento de esta cifra a 1,5 millones configurando la segunda causa de defunción entre los 10 y 24 años. En Chile la segunda causa de muerte no natural es el suicidio, siendo superado solo por los accidentes de tránsito e indica que aunque la mayor cantidad de casos se da en varones se ha detectado un aumento de la tasa de suicidios en mujeres, lo que podría estar vinculado al nuevo rol de la mujer, además el suicido podría estar asociado a contextos de bonanza económica. También es alarmante el informe de la Facultad de Medicina de la UC que sitúa a Chile como el país con la segunda tasa de suicidios adolecentes más alta del mundo.

Las causas son variadas y entre ellas están el nivel socioeconómico, la desigualdad, rupturas sentimentales, enfermedades mentales y el abuso del alcohol. En el suicidio intervienen factores sicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales y algunas de las intervenciones eficaces en la reducción de las tasas de suicidio son la prevención y tratamiento de la depresión, el abuso del alcohol y sustancias.

Resulta un deber considerar la opinión de Emile Durkheim, quien hace hincapié en la cohesión e integración social, que brindan valores y creencias comunes a una sociedad, los que darían sentido colectivo a las acciones individuales de sus miembros y ante cuya ausencia habría mayor predisposición y vulnerabilidad a la conducta suicida.

Lo anterior cobra sentido en un contexto de alta competencia en diversos aspectos de la vida, un modelo basado en el consumo, el hedonismo descontrolado y la individualidad en desmedro del bien común que nos ha llevado a situaciones de angustia, dolor, siempre indeseadas y aborrecidas al punto de ser tabú en una sociedad que presiona a la persona hasta el suicidio, donde el estudiante no solo piensa en estudiar sino que también en pagar, el enfermo además de sus padecimientos debe preocuparse por los costos, el jubilado debe enfrentar la vida con una pensión miserable y donde los pueblos originarios deben vivir con el asedio policial. Todos debemos asumir nuestra responsabilidad en la urgente labor de contribuir a mejorar nuestro entorno y esta sociedad.



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