EL Observador

16:13 hrs. Viernes 13 de julio de 2012 María Francisca Pizarro C.

Volver a las pequeñas cosas

María Francisca Pizarro C. / Profesora Educación General Básica - Orientadora Educacional PUCV

Cada día, entre todo lo que hacemos, lo más probable es que olvidemos ver el mundo que pasa frente nosotros. Lo más probable es que nos sumerjamos en nuestro trabajo y sólo miremos, sin descifrar el contenido de fondo de todo lo que vivimos... lo más probable es que busquemos cada día alcanzar metas que nos hagan creer que la felicidad está allí y no en otra parte, y luego, una vez alcanzada ésta, volvemos a buscar una nueva siempre insatisfechos.

La importancia de ver y no sólo mirar, de ver con ojos de niño, sorprendiéndome. Pero hoy cada día más, los niños están lejanos de la sorpresa. Los medios de comunicación muestran los hechos del otro lado del mundo en instantes, internet responde preguntas en sólo segundos, los videojuegos están cada vez más agresivos y la vida fuera del hogar, cada vez más escasa.

¿Y de quién es la responsabilidad? No hay que desconocer que hay que ir acorde a la evolución de la tecnología y cambiar los paradigmas para adecuarnos a los Niños 2.0, pero también hay que considerar que en la medida que todo esto va cambiando, también lo va haciendo el gusto por las pequeñas cosas. Es más fácil sentar a un niño frente al televisor que invertir tiempo en un paseo de bicicleta.

Es más difícil que, en lo inmediato de todo lo que se nos presenta, podemos disfrutar con la belleza de un paisaje y con el sonido del ave que canta; con un paseo al campo o una caminata por la playa... ¿estamos dispuestos a perder el valor de lo pequeño a cambio de cuatro paredes y un televisor?

Son los mismos medios de comunicación que crean la necesidad en todos nosotros de tener cada día más: ya no es un LCD sino que ahora uno en 3D y luego otro que se conecta a internet. Y suma y sigue.

Nos crean la necesidad de tener y así, nos generan un sentimiento de vacío, de inquietud. Quizás, los adultos nos hemos vuelto un poco más impermeables a esta sensación ¿pero los niños? Seguro, aquellos que siempre quieren más, serán adultos insatisfechos y envidiosos. Y los padres de estos niños, se quedan con una posible angustia de no dar todo lo que los niños quieren...

Es por eso, que creo necesario volcarnos a los patios, a los parques... ¡que vuelvan los paseos en bicicleta, las caminatas, los cantos! La vida en familia en torno a la mesa, las reuniones familiares, los panoramas lejos del televisor, alzando los brazos de la armonía y olvidando el individualismo.

Aprovechemos estas vacaciones de invierno para salir con los niños, aunque sea por una tarde y vivir la belleza de lo natural.



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