EL Observador

11:06 hrs. Martes 24 de abril de 2012 Mario Montiel Ulloa

Cambios que vienen

Mario Montiel Ulloa / Periodista

Hace cinco años que vivo en La Cruz y la primera impresión que me tocó vivir fue inesperada, ya que cuando llegué no había bancos, supermercados, ni menos servicios públicos. Todavía la ciudad experimentaba esa riqueza campestre y pueblerina, en que el campesino cabalgaba a caballo recorriendo las principales avenidas de la ciudad, con poco control policial; donde los negocios de barrio eran los principales centros de abastecimiento y los personajes aparecían como una novela de algún Premio Nobel, describiendo cada parte de este lugar apartado y desconocido para muchos chilenos.

Sin embargo, a través de este corto tiempo, he aprendido a querer este hermoso entorno y su gente, con sus cerros repletos de paltos, donde la vida gira en torno a la actividad agrícola.

A través de este medio, he conocido a sus autoridades y también a sus habitantes, desde los más poderosos hasta los más débiles, pero todos parecieran tener su propia estampa, de ser hombres y mujeres agricultores, que aprecian su historia y abrazan sus tradiciones.

Es por eso que en alguna medida, me siento uno más de los crucinos que se proyectan hacia el futuro, donde tendrán que lidiar con la necesidad de construir una sociedad más justa y equitativa y más independiente de los centros poblacionales de Quillota y La Calera.

Se vienen tiempos complejos para La Cruz, ya que la construcción de conjuntos habitacionales y de condominios, durante el último tiempo, han transformado lo apacible de este rincón de la Quinta Región, en una localidad ruidosa en crecimiento.

Todos sabemos que cuando llega el desarrollo se gana y se pierde. Para algunos este es el futuro, en cambio para otros, el pasado constituye valores inmortales, como el representado por todas las generaciones de crucinos, que entregaron su aporte a esta comunidad y cuyo fruto demoró décadas en ser cosechado.

Hoy, La Cruz, a pesar de la llegada de las inmobiliarias, aún mantiene en si ese aire campestre, de tranquilidad, de cielos claros y hombres y mujeres de bien, que ahora deberán lidiar con las necesidades (de salud, educación, esparcimiento, conectividad, seguridad) que ahora se expanden al igual que su población.



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