EL Observador

11:08 hrs. Martes 03 de enero de 2012 Lorena Véliz Flores

Poder y liderazgo en Roberto Matta

Lorena Véliz Flores / Pintora

El 11 de noviembre pasado Roberto Matta fue celebrado a lo ancho del mundo por sus 100 años. Exposiciones y publicaciones dan cuenta de la vigencia de una personalidad que trasciende su propia historia. Dejó una grabación para ser oída a su fallecimiento, que decía "¡Estoy muerto, estoy muerto!", en una mezcla de humor y genialidad, tan propia de los grandes artistas. Es así como Matta, ciudadano del mundo, enamorado declarado de Gabriela Mistral, continúa vivo y con un poderío dado por su creatividad, valentía y originalidad y más allá de su tiempo vital seguirá siendo un símbolo de liderazgo orientado hacia la libertad de creación, de expresión y consecuencia artística. Sin buscarlo y más allá de su vida, en él se funden los opuestos de poder y liderazgo, que en el Chile de hoy parecen situarse en los extremos irreconciliables.

Esto porque el liderazgo es una característica que se basa en una relación transversal e igualitaria, donde el "somos" prima como motor de las acciones que se asumen como desafíos comunes, participativos, guiados por un ?líder? que asume la conducción, básicamente porque el grupo deposita en él , valores simbólicos que le otorgan autoridad. En cambio el poder, es un ejercicio vertical de conducción, donde uno o varios escogidos, piensan y los demás ejecutan, donde el "nosotros" está restringido a la obediencia y donde las distintas personalidades deben alinearse en un anonimato restrictivo que no necesariamente se nutre de la potencia de la diversidad que es la esencia del mundo.

El año 2011 estuvo marcado por la tensión entre poder y liderazgo, el poder representado por la institucionalidad que decide y dirige autoritariamente y el liderazgo, representado por los jóvenes líderes, por los ciudadanos descontentos, que cada vez más son capaces de enarbolar la bandera del sentido común, del bien común, de la necesidad de construir entre todos, un destino que nos escuche a todos, que nos represente y nos haga responsables de aciertos y errores porque hace rato dejamos de ser el rebaño que se mueve asustado y obediente por la historia.

Nuestro Matta, gigante y trascendente, une en sí mismo ambos extremos, porque su libertad, bien tan preciado como peligroso, no se detuvo en la menudencia menor del poder de una figuración efímera e inútil, su libertad tenía como destino el arte como expresión profunda y reflexiva, aquella que hace válida la verdad de todos los hombres y mujeres, por ello sigue vivo, porque energías como la suya son ejemplos y focos que iluminan con inteligencia y alegría la necesaria y esencial diversidad de la vida.



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