EL Observador

19:09 hrs. Viernes 24 de marzo de 2017 Gustavo Rodríguez Catalán

Quillota, ciudad de cómodos, criticones y muy mal atendida

La primera vez que entrevisté al abogado colombiano Sergio Roldán Gutiérrez fue en Radio Quillota y sin duda, fue una conversación esclarecedora. Con la propiedad que le brinda ser extranjero de paso por la ciudad, me dijo que no entendía por qué el quillotano reclamaba tanto por el paseo "Entre Plazas". Sus palabras fueron, más o menos, "aquí se le quitó espacio a los autos, se ensancharon las veredas para que la gente camine más cómoda, por lo tanto, está hecho a escala humana".

Esa declaración puede haber cambiado la percepción de muchos que la escucharon. Y es que el profesional -experto en Planeación Estratégica para Gobernar y director del Grupo Urbano Medellín- sabe bastante de cómo una ciudad puede reinventarse y modificar su destino y futuro. Fue parte del equipo que convirtió a Medellín, de una ciudad de guerrilla, muerte y narcotráfico, en una urbe modelo para todo el mundo.

Hace unos días, Roldán volvió a Quillota para trabajar con la Municipalidad y en poco más de una hora de diálogo, comentó algunas ideas a las que vale la pena prestar atención. Primero, está impulsando en todo el continente -y también acá- la idea de hacer ciudadanía antes que ciudad. A grandes rasgos, significa que el ciudadano debe estar consciente de sus necesidades -como suele ocurrir-, pero también de educarse, de sus deberes, obligaciones y de lo necesaria que es su participación. Su vinculación con la autoridad no puede ser solo pedir y recibir, base del nefasto asistencialismo que impera en muchos municipios. Solo con un ciudadano formado, podremos planificar y construir un proyecto de ciudad fuerte, incluyente y que apunte al desarrollo.

De hecho, el abogado critica la comodidad del quillotano y su poco interés por hacerse parte del proyecto de ciudad que impulsa el alcalde Luis Mella, sobre buscar la felicidad y el bienestar desde las políticas públicas. El vecino -no ciudadano- prefiere que solo le resuelvan sus necesidades y problemas, pero sin aportar su esfuerzo y trabajo para el bien común. Es más, Roldán acusa a los habitantes de extorsionar a la autoridad cuando dicen que si no les resuelven ni les dan, la tan buscada felicidad no les llegará.

Finalmente -y en un tema más específico del Quillota diario- a Sergio Roldán le inquietó la forma de atención del comercio y especialmente de los locales de gastronomía. Dice que el trato no es cariñoso, atento ni personalizado, sino más bien un trámite que debe efectuarse rápido, para poder cumplir con toda la clientela. Derechamente, cree que no estamos preparados para recibir al visitante, hacerlo sentir cómodo, satisfecho y que se vaya contento, independiente de la cantidad o calidad del producto consumido. Y cita el ejemplo Disney, donde el dependiente se desvive por el bienestar del cliente, que de tan contento, termina dejando miles de dólares en caja.

Son solo un puñado de reflexiones, interesantes y necesarias, que pueden cambiar nuestra mirada y mejorar nuestro diario vivir. No porque ?compremos? todo lo que nos vende un extranjero, sino porque su visión externa nos ayuda, por un momento, a dejar de mirarnos el ombligo y creer que solo hay una forma de hacer las cosas: la misma que hemos venido aplicando durante décadas y que no necesariamente es la mejor o la que más nos sirve como comunidad.



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