EL Observador

8:18 hrs. Martes 14 de marzo de 2017 Derouchette Bonnemaison Muñoz

Gracias a cada uno de mis entrevistados

Como parte de mi labor como periodista en "El Observador" conocí una y mil historias y cada uno de mis entrevistados aportó su granito a la forma con la que hoy miro y enfrento el mundo, por lo mismo aprovecho para agradecerle al destino por haberlos puesto en mi camino.

Muchos no me recordarán, algunos ni supieron que fui yo quien los entrevistó y otros me odiaron en su momento, pero ya deben haberlo olvidado. En mi mochila de experiencias guardé que la vida hay que aprovecharla día a día, siempre tratando de estrujar el lado positivo de todo y desechando lo negativo.

Y cómo no hacerlo, si en mi corta trayectoria puedo recordar que, por ejemplo, en el 2014 conocí la historia del bombero liguano Juan Carlos López, quien en el 2005 acudió a un incendio y mientras sacaba unas mangueras el carro retrocedió y le aplastó su pierna y su pie, pero como si esto fuera poco un errado diagnostico médico en el hospital local generó que la fractura que tenía se infectara, lo que causó que le amputaran el pie. Estuvo en coma, perdió la vista y tuvo otras complicaciones de salud, pero casi una década después del accidente lo entrevisté y estaba dando sus primeros pasos, siempre acompañado de su esposa Jéssica.

En aquella entrevista él me sorprendió con su sentido del humor, sobre todo cuando me comentó que una de las cosas que extrañaba era comer harto. Han pasado tres años y si hay historias que me han marcado, esta es una de ellas. Y es que generalmente me topo con gente que frente a problemas les busca "la quinta pata al gato" y no la solución. Él ya no puede ver los partidos de Colo Colo, pero los escucha. No puede salir en un carro a los incendios, pero está atento a su equipo portátil. Lucha por dar nuevos pasos en su vida. Me imagino que debe tener momentos difíciles, pero continúa aprovechando lo que tiene a su alcance.

Viudas, madres que perdieron a sus hijos por enfermedad o en accidentes, padres que luchan por sus hijos enfermos, me confiaron sus testimonios y -aunque suene cursi- conocer estas realidades de primera fuente hizo que tras escribir las notas agradeciera cada segundo de vida.

También sentí alegría cuando emprendedores, ganadores de concursos, padres y madres orgullosos de sus hijos sonreían contándome sus logros. Tampoco faltaron los entrevistados que buscaban que les solucionaran todo y de ellos aprendí que era mejor rebuscándomelas sola, pues eso de pedir y pedir termina siendo patético.

Gracias a todos, porque de una u otra manera me permitieron aprender algo de cada uno. Hasta siempre.



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