EL Observador

8:55 hrs. Martes 14 de febrero de 2017 Claudia Cortez Osses

Lo que no está cuantificado

El mega incendio que afectó a la zona centro sur de Chiles nos demostró una vez más cuán frágil y desprovistos estamos como país ante las catástrofes, ya sean éstas naturales o intencionales. Lenguas de fuego consumieron gran parte de la V, VI, VII y VIII Región, dejando como saldo más de 580 mil hectáreas convertías en cenizas, más de 1.590 viviendas incendiadas, 519 personas albergadas, 6162 damnificados, 11 personas fallecidas: dos bomberos, dos carabineros, tres brigadista y cuatro civiles. Cifras que van en aumento.

La cuantificación de los daños materiales y humanos se hace invaluable, y esto ha impulsado una serie de campañas solidarias, donde a la luz de lo acontecido aparece la bravura y la hidalguía del chileno, que sabe reponerse una y tantas veces a los reveses de la vida. Con el aporte de cada uno de nosotros, se podrán levantar muchas nuevas casas para quienes lo perdieron todo, y el bono de enseres se suma a las toneladas de ayuda que son llevadas hasta la zona cero.

Pero hay algo que no se recuperará. Desde los recuerdos personales de cada familia, ya sea fotografías o momentos vividos en determinados espacios, hasta el patrimonio natural que es de todos y que son aquellas áreas donde existen ambientes representativos de la diversidad biológica natural del país, de la flora y fauna nativa, o las formaciones geológicas, todo ese tesoro que en esta angosta y extensa faja de tierra se ha cimentado con el paso de los años. Hablo de la belleza de nuestro país que hoy no aparece cuantificada en ninguna estadística.

Y esa pérdida la sentimos de manera cercana, porque en el incendio de Santa María de Los Molles, que abarcó una superficie de casi 1.400 hectáreas, también llegó hasta una zona de bosque nativo. Es lo que con un poco de solidaridad no se recupera, sino que con voluntad y con modificaciones concretas por parte de los entes pertinentes.

Dentro de las diversas hipótesis sobre el origen de estos incendios se ha hablado mucho de la eventual indemnización a las forestales a propósito del Decreto Ley 701, el cual ha pasado de gobierno en gobierno sin que nadie modifique la bonificación a la plantación de pinos y eucaliptus, los que hoy fueron la principal causa de la propagación de esta gran emergencia.

Por contrapartida casi desapercibida o sin la merecida atención, pasa la perdida de una buena parte del patrimonio natural de Chile. Ante esto, es necesario que el gobierno reaccione, frente a lo que se debe fomentar y a lo que se debe dejar de incentivar, debido al inminente riesgo que implica para el resto del país. El negocio de las forestales fue el peor combustible para este mega incendio, se llevó vidas, casas, fuentes de trabajo, reservas, y nuestro preciado patrimonio natural, flora, fauna y bosques nativos, un ecosistema que tardará en años en recuperarse y que hoy no está cuantificado.



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