EL Observador

15:09 hrs. Jueves 02 de febrero de 2017 Mario Campos Vinet

El eterno incendio de Conaf y Bomberos

El 14 de enero se decretó la alerta roja en Santa Cruz, dando cuenta de un tremendo incendio forestal que arrasaba con los cerros de la misma Santa Cruz, Palmilla y Peralillo. Fue el inicio de un verdadero infierno que comenzaba a desatarse en el centro-sur de Chile, avanzando como una pandemia hacia las regiones del Maule y Bío Bío, y devorando casas, enseres, animales, bienes y miles de hectáreas con flora y fauna que no se recuperará jamás.

Como si fuese parte de un sueño cruel, desde ese 14 de enero, cada mañana que despertamos conocemos cómo las llamas arrasaron con pueblos enteros, instalando la pobreza, el drama y hasta la muerte entre sus habitantes.

Cada imagen que vemos, a través del reality que la televisión ha instalado en el nombre de la sintonía, nos revuelve el estómago y nos lleva a recordar lo vulnerables que somos, pero también que siempre en este tipo de desgracias, los chilenos externalizamos nuestra gran virtud solidaria.

Pero más allá del corazón y la buena voluntad, es necesario sincerar todo lo que ha pasado y seguramente está por pasar.

Primero: que hay gente enferma provocando los incendios. Y segundo: que Bomberos y la Conaf, en un país de catástrofes, deben recibir más recursos para su desarrollo y no seguir siendo los parientes pobres de quienes combaten emergencias.

Porque mientras las Fuerzas Armadas juegan a la guerra todo el año en sus cuarteles y reciben recursos cuantiosos para la compra de materiales y pago de sueldos millonarios a sus altos rangos, es hora ya de pensar que ambas instituciones reciban recursos como profesionales que son.

Es que nuestro solidario Chile, también somos los reyes de hacernos los lesos. Conaf, por si usted no sabía, contrata brigadistas solo entre noviembre y marzo porque no tiene plata para hacerlo todo el año. Y en Bomberos, muchos voluntarios dejan sus trabajos remunerados para partir al combate del fuego.

Pedir que Conaf tenga voluntarios todo el año y que los bomberos, así como ocurre hoy con los cuarteleros y secretarias, reciban sueldos, no es una locura. Incluso, además de fortalecer la capacidad de respuesta para un país asiduo a los golpes duros, sería una opción más de trabajo para miles de jóvenes que, sin dudarlo, llevarían con orgullo esos uniformes.

Pero seguramente nada esto cambiará. Al menos en el corto plazo. Entre tanto discurso y tantas lágrimas, terminamos olvidando lo que necesitamos cambiar.



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