EL Observador

10:36 hrs. Jueves 20 de octubre de 2016 Claudio Espejo Bórquez

El sentido social de la denuncia a Carabineros

Cuando uno o varios ladrones entran a una casa, incluso si han sido pocas las cosas robadas, hay una sensación que es más fuerte que la pérdida material: la de la vulneración de su intimidad, su espacio, el que comparte con su familia, sus hijos. Su vida.

Por ello, la eventualidad de que eso le vuelva a pasar o que afecte a alguno de sus seres queridos, inmediatamente trae como consecuencia una sensación de permanente inseguridad. A veces el solo hecho de saber que alguien cercano ha sido víctima de un delito, provoca la curiosa impresión de que hay delincuentes en todas partes queriendo atacarnos.

Ese fenómeno es el que invade a varios de nuestros barrios, donde la sensación de inseguridad es más grande que el número de delitos denunciados en Carabineros.

A veces es porque, simplemente, los delitos son efectivamente pocos; y otras, porque los afectados toman la irresponsable decisión de no contarlo a las policías.

Es ahí donde quedamos a merced de un problema tanto o más grave que los ladrones: la "cifra negra", esa tremenda cantidad de robos u otros delitos que no se denuncian y, al no hacerlo, se hace fácil la "pega" a los ladrones.

A mi modo de entender, la denuncia tiene dos dimensiones: primero, la individual-práctica, que tiene como objetivo conseguir la detención de los delincuentes y la recuperación de lo robado; y, segundo, la social. Es decir, aquella en la que interponer la denuncia permite, por ejemplo, alimentar las estadísticas de Carabineros; hacer análisis de modos de operar de los delincuentes, observando si responden a un patrón común con otros robos; y acumular descripciones de sospechosos, para saber si el ataque a una persona sirve para resolver el de otra víctima.

Lamentablemente, la mayoría piensa en la denuncia en su primera dimensión y, ante la imposibilidad de detener al delincuente y recuperar lo perdido, no la ponen. Además piensan en todos los trámites que hay que hacer después, que para muchos es una incomodidad sin utilidad práctica.

Esa decisión es una muestra más del curioso contrasentido del egoísmo social en que estamos viviendo, sobre todo si se piensa que, al no poner la denuncia, hay una serie de cosas que no se podrá hacer, para ayudar a otros a resolver sus casos y -lo que es más importante- acumular información para capturar a estos delincuentes y evitar que ataquen a más personas.

Hace unas semanas, en la Villa La Foresta, de La Cruz, un vecino decidió actuar distinto. Luego de ver a un grupo de individuos que había participado en un delito, a pesar de que no lo había afectado a él, fue a Carabineros y puso la denuncia. No sólo sirvió para sumar información, sino al poco rato se les pudo capturar, con las especies robadas a uno de sus vecinos. En el barrio lo premiaron. Y, cómo no, si con su decisión de atender la dimensión social de la denuncia, ayudó a otro a hacer mejor su día. De alguna manera, hacer mejor su barrio.



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