EL Observador

9:28 hrs. Viernes 12 de agosto de 2016 Gustavo Boldrini Pardo

De la galería a la Marquesina Celestial

Me anduvo evangelizando el padre Pedro. Es que leído su libro "Desde la galería", queda claro lo que es un hombre bueno y el poder de su testimonio para reflexionar acerca de cómo llevamos la vida.

No es difícil hacer un juicio sobre él, sobre todo desde que conocimos la magnitud cívica y piadosa del "Comedor de andantes", quizá su obra más territorial, bondadosa, elegida con ojo de geógrafo y ejecución cristiana. ¡No lo sabrán el Felixmer, Raphael, El Payo... que allí, siempre, encontraron una sopa caliente y hasta olvidaron por un rato el horror de vivir estigmatizados!

"La Calera es un caballo chúcaro que necesita un buen jinete", le previno el obispo Francisco de Borja Valenzuela al ofrecerle la parroquia en 1990. Pedro Aguiar ya sabía cabalgar. Su entrenamiento en La Matriz, en la parroquia del Cerro Cárcel y en Forestal, lo dejaron jinete "de primera" y, por eso, seguro, guió las riendas hacia la Villa de Dios, haciendo una atajada perfecta al desamparo.

Su obra en La Calera es vasta y tiene la claridad de alguien que sabe dónde debe jugárselas y, eso, es ahí donde están los más pobres y los que sufren. Partió con las Misiones Parroquiales, cuyo objetivo es la creación de Comunidades Cristianas de Base. Las primeras estuvieron en Nueva Esperanza, Entrepuentes, El Trigal. Eran tiempos difíciles, de mucho abandono, copete, drogas... y, al fin, la verdadera esperanza nació desde la asistencia y la catequesis.

Su listado de obras es largo y los caleranos lo conocen bien: el evangelizar desde comunicaciones modernas se logró con la radio Santo Nombre de Jesús; los Cabildos Parroquiales tocaron temas sobre la vida, las drogas; para el consuelo de padres que habían perdido a sus hijos, fundó "Caminemos Juntos". El trabajo ecuménico fue muy valiente y coyuntural a la historia. En plena guerra de EE.UU. contra Irak, invitó a compartir un rechazo comunitario. En La Calera existen 200 cultos protestantes y, para el pueblo cristiano, es mucho mejor que bautistas, ortodoxos y católicos sean los primeros en dar el ejemplo de paz.

Efectivos y poco comunes son algunos de sus métodos para estar en primera fila; como aquel de proclamar la palabra en las esquinas, a viva voz. También, lo de celebrar la misa en la calle. El grupo pastoral Unidos por el Amor nace de ver el desamparo de muchas parejas que, sin estar casados, son estables en su amor y su fe. Todas sus obras lo muestran como alguien que trascendió las formas tradicionales de acción y fue moderno, sensible.

Es difícil para un no creyente referirse a la obra de alguien cuya bondad y efectividad son posibles, precisamente, por su fidelidad y consecuencia con una fe. Sin embargo, los rasgos personales, que se entrevén en la lectura de este libro, son evidentes y definen su labor. Primero, su modestia; actuando siempre como un pobre que habita entre ellos, por lo mismo, detecta y prioriza las necesidades. Segundo, su valentía, esa que no teme al peligro físico ni la malevolencia. Otras virtudes: un hombre discreto y manso. En ningún momento habla mal del prójimo; aunque algunos se merecerían unas palabritas.

Desde su humildad, Pedro Aguiar abatió la altanería de aquellos que lo tienen todo. Deber y dogma, esas virtudes morales que lo definen, ya son raras en la vida de algunos hombres de iglesia. Sobre todo en estos tiempos, cuando dan ganas de hacerle una Auditoría Moral a la Jerarquía que sea tan drástica como esa Auditoría Contable que le hicieron a su parroquia, decidiendo que hubo robo. Quizá de este hecho nació la metáfora "Desde la galería", lugar para un cura que quedó "cesante", apartado de su parroquia, aunque para sus feligreses sigue cercano a la Marquesina Celestial.



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