EL Observador

9:15 hrs. Viernes 17 de junio de 2016 Hernán Ortega-Parada

Kafkazuela

"No dudes, los libros poseen magia blanca y negra; como en la realidad, también aparece ajedrezada." Desafiante expresión de alguien de Quilpué en un artículo publicado en El Expreso, el 25 de septiembre de 2001. Título: "Magia Surrealista sienta a la mesa a dos grandes escritores". Fricassé de palabras y conceptos entre André Breton (francés,1896-1966) y Octavio Paz (mexicano,1914-1998). De postre, referencias a los chilenos Enrique Gómez-Correa y Braulio Arenas. Para los que no leen: Breton es el creador del Movimiento Surrealista y Paz, Premio Nobel de Literatura 1990. Dos grandes poetas sentados en un banco frente a la estación. El articulista concluye que, desde el clásico libro de Stefan Baciu, "Surrealismo latinoamericano. Preguntas y respuestas" (Ed. Universitaria de Valparaíso, 1979), el surrealismo revela: "Entre muchas cosas esenciales entregó desde hace casi un siglo locura de letras, colores y formas para contestarle a la otra locura, la lucha de humo, metrallas y muerte." Puntudo y certero. Paz catequiza: "El surrealismo ha sido como la manzana de fuego en el árbol de la sintaxis".

El rescatista no es otro que Gabriel Castro Rodríguez, porteño de nacimiento, profesor de la Universidad de Playa Ancha y, por estas razones, tipo intelectual de la figura socio-política de Ernst Fisher. Además, Castro, ávido devorador de la manzana de Paz, es un desatado surrealista con acciones de arte visual; pero, a la vez, un incansable promotor de la cultura en Quilpué, por años. Todo lo que toca, se transforma. De ahí me explico que a su lado haya crecido una figura kafkiana, que -como Frankestein- tiende a huir del laboratorio y a mezclarse con las sombras y las ruinas de esa ciudad. Porque hay ruinas allí, y no solamente al lado de la estación sino en barrios centrales afectados de infarto por la estrechez de la aorta que los une con la costa. Dicha figura es Diego Middleton (y ya es mucho describirlo).

El 15 de enero de este año, calcé alas negras y entré de noche a un local de la calle Freire, donde se exhibía el video "Kafkazuela". Sólo a estos loquillos -Gabriel y Diego- se les ha ocurrido unir el hálito de la obra dantesca del checo con el aliento no menos desgarrado de la novela "Los de abajo", del mexicano Mariano Azuela. Resumen del experimento: con el costo de unas cuantas cervezas (y varios meses de trabajo) crearon digitalmente el "Trailer del mediometraje Kafkazuela", del cual todos se pueden impregnar (peligro) en YouTube.

Bueno, hemos redactado la nota como jugando a las cajitas chinas. Pero esta es la gracia. No hay otra forma de resumir el notable trabajo del dúo Castro-Middleton.



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