EL Observador

10:11 hrs. Jueves 24 de marzo de 2016 Claudia Cortez Osses

Valle Hermoso en el olvido

Nací y crecí oliendo el aroma a lana, en los tiempos que Valle hermoso era la cuna del tejido, en sus calles se agolpaban personas de distintos lugares de Chile en busca de esa prenda que duraba años en el ropero, claro, cuando las cosas duraban en nuestro poder hasta que ya no se le podía dar más utilidad.

En esos tiempos, familias completas se dedicaban a "los tejidos" como se les llama en el pueblo. Los hombres primero usaron los telares, luego siguieron con las máquinas manuales, posteriormente las eléctricas y finalmente muchos terminaron con maquinas industriales, hoy, arrinconadas en los cementerios en que se convirtieron esos enormes galpones.

Por su parte, ellas se hacían amigas de las agujas de entrar colas, de la overlock, de la tijera y de los moldes, mientras los niños eran designados a sacar "yapa". Así se le llamaba a cada función, y era parte del día a día. Muchos lograron abrir sus negocios en la calle Esmeralda, que comienza en la Plaza de Armas y culmina en Cuatro Esquinas. Son unos tres kilómetros de negocios, los que si bien tuvieron su época de oro, hoy apenas sobreviven debido a diferentes razones, entre las que se cuentan la llegada de productos chinos a precios con los que no se podía competir y el abandono de la zona, que era el útero donde se fecundaba la economía de la ciudad.

Desde niña recuerdo las promesas de los candidatos, donde el compromiso más redundado fue el arreglo y hermoseo de las calles, reparar los estadios o hacer fiestas con orquestas de la época. Lo que no se puede comprender es que en un pueblo tan pujante, reconocido por su patrimonio histórico en cuanto a tradición, aún no cuente con un fortalecimiento turístico, ni con una oficina turística, con tours, baños públicos, cajero automático, residencial, ¡ni siquiera tiene alcantarillado!

Eso es lo que obliga al villahermosino a preguntarse en qué lugar del mapa comunal han quedado, en qué lugar de las prioridades están, en qué nivel del respeto y dignidad se les instaló.

Porque resulta indignante para quienes habitan en la parte alta o no cuentan con movilización propia, subir en el invierto afirmándose de los barrotes de las casas para no caer al lodo, porque las calles no son malas, son espantosas.

Valle Hermoso es un pueblo noble y leal, de gente trabajadora, que merece un desarrollo concreto, visible, no solo para quienes allí día a día siguen intentando mantener esta tradición textil, sino también para que quienes visitan este lugar al menos tengan comodidades básicas.

Hoy sólo queda la sinfonía de los telares corriendo de un lado a otro, pero estoy segura que también hay esperanza de que algún día el tejido vuelva a mecerse en la misma cuna y la ciudad le retribuya todos aquellos años en que Valle hermoso fue uno de los ejes económicos de La Ligua.



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