EL Observador

11:25 hrs. Miércoles 15 de julio de 2015 Eric Alarcón Cofré

Romance urbanístico

Eric Alarcón Cofré / Profesor de Historia

Mirando fotos antiguas de Quillota quedo maravillado por lo que esas imágenes en blanco y negro muestran: rostros de épocas pasadas, iglesias que ya no están, la antigua Estación y la vieja fuente colonial de la plaza me hacen pensar en quienes conocieron una ciudad distinta, más tranquila y en un relajado sueño pueblerino.

A través de las fotos los cambios se hacen más evidentes porque las ciudades cuentan historias a través de sus calles, las plazas, las viejas casas y en cada esquina. En ocasiones, no nos percatamos de los recodos que no han sido devastados por el progreso y el poco respeto al pasado, manteniéndose como testigos que se resisten a morir, mientras otros han desaparecido, quedando sólo en el recuerdo.

Recorrer la ciudad es hacer un viaje en el tiempo, donde no se necesita de efectos especiales como en el cine. Sólo basta con mirar con otros ojos cuando salimos de nuestras casas. Ahí uno encuentra el barrio donde vivió cuando niño, la escuela donde estudió, la esquina del primer pololeo o el lugar donde se comparte con los amigos. En otras palabras, la vida misma. Por eso, me declaro un nostálgico que recorre la ciudad para encontrar en ella algo de su propio pasado, y también preguntándome por quienes la hicieron crecer; y me niego a ser alguien que va camina sin percatarse de nada, pues en cada muro, casa o esquina, trato de buscar sentido al presente. Fue en esas caminatas donde descubrí el valor de lo que heredamos como comunidad, lo que otros nos dejaron. Eso fue lo que me hizo estudiar Historia.

Hoy, las remodelaciones, los proyectos habitacionales y las grandes tiendas han reactivado el comercio, permitiendo la llegada de nuevas familias y también, dando una nueva cara frente a los desafíos que nos impone la modernización urbana. Y es ahí donde comprendemos que las ciudades tienen vida en ellas, que los cambios responden a las necesidades de su tiempo, que pueden coexistir el pasado y el presente, sin perder su identidad.

Sin embargo, me pregunto cómo nos verán en el futuro, que pensarán de nosotros, y de lo que les dejaremos, qué respeto por el pasado tendrán para preservar años de esfuerzo y de historia.

Mientras trato de pensar en esas respuestas, quiero seguir disfrutando de las caminatas en estas frías tardes, cuando la ciudad oscurece y aparecen las primeras luces que iluminan el regreso a casa. Y debo reconocer que hay algo de romántico en ello o tal vez, sea la nostalgia de un pasado que ante la agresividad del progreso, está comenzando a desaparecer.



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