EL Observador

12:27 hrs. Viernes 24 de abril de 2015 Rodrigo Jara

Cuatro muertes en una tocata rock

Rodrigo Jara / Conductor Programa Quillota Rock (Radio Quillota)

El jueves, se suponía que tocaría la banda inglesa Doom, en un local de Santiago. Antes, dos grupos nacionales preparaban el ambiente, mientras el público se entregaba al rito que sólo el rock produce entre sus fieles seguidores.

Lamentablemente, afuera, en la vía pública, algunos "astutos" intentaban entrar gratis y por la fuerza. No sé si será la mal llamada "viveza" de nuestro pueblo (¿recuerdan la situación escandalosa vivida por nuestros hinchas en el mundial Brasil 2014?), o, más bien, el comportamiento de pequeños grupos que se aprovechan de camuflar entre la gente (basta recordar las marchas que vemos siempre terminar con deterioros y desmanes).

Esos pocos esperaron el momento justo, derribaron una reja de contención y entraron al local aplastando todo, arrastrando a quienes ingresaban ordenadamente, entrada en mano, y sumando a otros tantos que aprovechando ?la oportunidad?, no dudaron en seguir a la turba.

Pocos metros tras el punto de control, existía una larga y serpenteante escalera que llevaba hacia el subterráneo donde era el show. El resultado fue lamentablemente fatal. Hasta este momento, van cuatro fallecidos y aún cinco jóvenes luchan por sus vidas.

Los ingleses nunca alcanzaron a salir a escena. La gente frente al escenario no entendía por qué todo se cancelaba. El productor del evento y el concesionario del local fueron detenidos y, para colmo, los verdaderos delincuentes, hasta el momento, están todos libres.

¿Por qué en Chile nos caracterizamos por ser sumamente "choritos" y "prepos", pero a la hora de asumir responsabilidades, todos desaparecen, nadie levanta la mano? Aquí se perdieron vidas humanas, hubo existencias despojadas temprana y abruptamente.

Soy un apasionado del rock. He ido a cientos de conciertos, e incluso, he podido organizar un par de ellos, juntando a las bandas y consiguiendo los equipos necesarios para que estas suenen dignamente.

Y ese es el otro lado que hay que entender: organizar una presentación implica costos, arriendos, honorarios. Debiese ser un negocio digno, sobre todo para los músicos y para quienes arriesgan sus monedas. También para el público, que merece espectáculos bien organizados. Pero esto sólo se logra con respeto, sin hacer con el otro lo que no me gusta que hagan conmigo.

En nuestra provincia hay muchas bandas de calidad. Tenemos un interesante movimiento musical y, como espectadores, podemos contribuir con nuestra asistencia, con el pago de las entradas y no dejando que los delincuentes se tomen el show. Menos sumándonos a sus irracionales lógicas de comportamiento.

No dejemos que nuestro rostro se diluya en la oscuridad. Seamos responsables también en masa. Hagámoslo por nuestros amigos, hagámoslo por nosotros mismos o por último, hagámoslo por nuestros hijos que alguna vez, más temprano que tarde, también comenzarán a ir a este tipo de eventos.



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