EL Observador

15:25 hrs. Viernes 03 de enero de 2014 María Elisa Muñoz Urrutia

¿Adolescencia: complicación o desafío?

María Elisa Muñoz Urrutia / Asistente Social

La etapa de la adolescencia se caracteriza por cambios drásticos y rápidos en el desarrollo físico, mental, emocional y social, que provocan ambivalencias y contradicciones en el proceso de búsqueda del equilibrio consigo mismo y con la sociedad. Por ello, los adolescentes son una "materia" moldeable y receptiva que está muy abierta a las influencias de los modelos sociales y de los entornos de vida que frecuentan (familia, amigos, barrio, escuela, entre otros). La adolescencia es una etapa decisiva en la adquisición y desarrollo de los estilos de vida, ya que se consolidan algunas tendencias de comportamiento adquiridas en la infancia y se incorporan otras nuevas provenientes de dicho entorno de influencia.

En esta etapa es fundamental la labor previa que hayan desplegado los padres con una crianza satisfactoria durante la infancia, la enseñanza de aptitudes para la vida, normas, reglas y límites consistentes. Si durante la infancia hemos sido padres ausentes, distantes o maltratadores, durante la adolescencia, la brecha con los hijos(as) se profundizará, complejizando aún más este periodo. En cambio, si hemos sido padres afectuosos, preocupados de sus necesidades y sentimientos, la etapa de la adolescencia será más llevadera para ambas partes.

Las relaciones entre los adolescentes y sus padres suelen ser muy conflictivas. La mayoría de los padres de adolescentes se quejan de que estos no los escuchan, no les hacen caso, cambian constantemente de humor, nunca saben lo que quieren o no tienen ninguna disciplina. En algunos casos la vida en la casa se convierte casi en una batalla campal diaria y muchos padres no saben qué hacer. Y mientras tanto toda la familia se va convirtiendo en un caos con leves destellos periódicos de normalidad. Pero los padres no quieren solo esos oasis de tranquilidad, quieren que su vida vuelva a ser "normal", como cuando no había un adolescente en casa.

La buena noticia es que la adolescencia no es eterna. Esta etapa dura unos años y tras ella, el hijo o hija se convierte en un joven maduro más razonable y, casi siempre, otra vez próximo a sus padres.

Los padres pueden seguir una serie de pasos que mejorarán notablemente la vida en la casa, tales como pasar más tiempo con sus hijos adolescentes; tener claro que son padres, no sus amigos; no tomar todo lo que hacen como algo personal; hablar con ellos sobre las cosas que les interesan; hablarles de las preocupaciones que enfrentan como padres, introducir algunas pequeñas modificaciones en su lenguaje, por ejemplo, en vez de decir "quiero que hagas" es más efectivo decir "me gustaría que hagas" o "te agradecería que hicieras"; procurar utilizar menos la palabra "no" y más otras alternativas, como "preferiría" o "estaría bien"; y recordar que es importante buscar motivos para felicitarlos porque hacen cosas bien.

La comunicación es importante, siempre se encontrarán con que los adolescentes no quieren comunicarse, lo esencial es hacerles saber que la posibilidad de hablar está y que los padres siempre estarán para escuchar y orientar, el cambio y la buena relación son posibles si se generan espacios de comunicación al interior de la familia.



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