EL Observador

13:40 hrs. Martes 31 de diciembre de 2013 Natalia Chinchón Zurita

Regalos y buen trato

Es llamativo observar en esta época, tras la fiebre navideña, muchos regalos, muchos juguetes, algunos más sofisticados que otros según la posibilidad económica y según cuán bien se hayan portado los niños durante el año, pero hoy no es mi afán reflexionar sobre el sentido de la Navidad sino que de la verdadera demostración de amor hacia los niños, la cual está muy lejos de tener un valor mercantil.

Hoy, si me permiten, me gustaría escribir de aquellas cosas que no se encuentran en el bazar y que tienen que ver más bien con los cimientos que permiten que los adultos se constituyan como personas relativamente sanas en términos emocionales. En primer lugar, existe un supuesto consensuado del amor que se le profesa a los hijos y que éste es incondicional y atemporal (los hijos siempre son niños) pero a ratos pareciera que las demostraciones de este amor no se condicen con el real sentimiento y los malos tratos se han instalado como la forma de poder "controlar" a los niños y niñas de nuestra época.

Malos tratos físicos y quizás aún más doloroso, verbales, palabras que se van estructurando en la mente de los niños como heridas que a veces ni siquiera el transcurso del tiempo es capaz de cicatrizar y que en ocasiones pareciera que sólo se enmascaran, detrás de medidas compensatorias de carencias que funcionan algunas mejor que otras.

Los niños necesitan amor, demostrado con buen trato, con una crianza sin gritos ni amenazas, con una conducción firme pero amorosa, para ir construyendo una base segura, un referente al cual acudir en momentos de tormenta y esto no se trata de que a los niños y niñas haya que solucionarles la vida y todos los problemas que se les presentan. Es aún más profundo porque tiene que ver con la identidad y con el valor que somos capaces de transmitirles, la confianza y esa sensación de que se pueden tirar en unos brazos firmes sin miedo a caer, de que alguien es capaz de acompañarlos y conducirlos en este proceso de desarrollo y permítanme decirles queridos lectores, que la contención, el amor y el valor como autoestima, son los ingredientes necesarios para que los adultos del mañana sean capaces de establecer relaciones sanas con sus parejas y a su vez con sus propios hijos. Aún más, todo esto se encuentra lejos, muy lejos de estar determinado por el precio del juguete de moda.



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