EL Observador

20:32 hrs. Viernes 29 de noviembre de 2013 Rodolfo Jiménez Ramírez

El fracaso no es antónimo de éxito

Rodolfo Jiménez Ramírez / Investigador Policial - Oficial PDI

Una de las mejores reflexiones que circulan por Internet respeto del fracaso corresponde al legendario basquetbolista Michael Jordan. Considerado como el más certero anotador de la historia y el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos alguna vez dijo "He fallado más de nueve mil tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. Veintiséis veces han confiado en mí para tomar el tiro que ganaba el partido y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito".

Y es que generalmente el fracaso se asocia a resultados adversos e imprevistos, a desgracias y frustraciones.

Sin embargo, no quiero referirme a lo que generalmente se entiende por fracaso, ni a las connotaciones negativas del término, sino que muy por el contrario, explicar que el fracaso no es simplemente una especie de maldición que nadie quiere sufrir. Lejos de eso, me atrevo a señalar que el fracaso, sirve, es necesario y tiene relevantes connotaciones positivas.

En primer lugar, nadie puede fracasar si no está intentando lograr algo, es decir, el fracaso está indefectiblemente asociado a la voluntad, al entusiasmo, a las ganas de realizar alguna nueva actividad, un cambio en la vida, entablar una relación, conseguir un nuevo trabajo, estudiar una nueva carrera, emprender un negocio, etc. Enfrentar algún tipo de fracaso nos entregará, de una forma portentosa y real, la información que necesitamos para cambiar y hacer las cosas de una mejor manera, ya que lo que realmente importa de enfrentarnos al fracaso, es si somos capaces de sacar una lección de éste.

El fracaso no es antónimo de éxito, es más, me atrevería a decir que casi son sinónimos. Fracaso y éxito son una extraña pareja que jamás se separa, que en mayor o menor intensidad siempre se encuentra. La historia se ha encargado de dejarnos bastantes lecciones de lo anterior. Sin ir más lejos, el visionario fundador de Apple, Steve Jobs, a los 30 años de edad, fue despedido de la empresa que el mismo creó; Walt Disney fue despedido de un periódico por no tener "suficiente imaginación"; Albert Einstein no habló hasta los cuatro años de edad y en su etapa escolar nadie apostaba por él, los integrantes del famoso grupo inglés The Beatles, fueron rechazados por una empresa disquera, luego de que les dijeran que su sonido no era bueno y que no tenían futuro, y así, hay una lista interminable de casos similares que ratifican que el fracaso no es el final de nada, sino que el principio de todas las cosas buenas que podemos lograr. Y es que tal como dijo el reconocido político y estadista británico Winston Churchill: "El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse".



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