EL Observador

16:33 hrs. Martes 22 de octubre de 2013 Annabella Brüning Lalut

Amar nuestro entorno inmediato

Cuando un pueblo se ama a sí mismo, cuando tiene una clara identidad y se siente orgulloso de ella, deja de ningunearse. Al parecer nuestro país ha ido perdiendo su identidad desde la exagerada valoración de lo externo, dada principalmente por los medios de comunicación y la publicidad, por la sobredimensionada importancia de los postítulos profesionales de universidades extranjeras, por la valoración equivocada de héroes de películas, especialmente norteamericanas y un largo etcétera.

Nuestra mirada huye del entorno inmediato, huye de nuestro presente, para fijarse cada vez más lejos y fuera de nuestra área de acción. Allí se crean expectativas difíciles de lograr, más cuando los primeros peldaños, los cercanos, no han sido superados. Deseamos viajar. Conocer lugares exóticos, distintos a nuestra realidad, ¿nos hemos preguntado seriamente cuál es la razón por la que elegimos ir al extranjero antes de conocer nuestro país? No dudo que hay respuestas prácticas: el precio, las facilidades, el status, por ejemplo, todas razonables para el tipo de vida que estamos llevando. Así conocemos realidades ajenas a nuestra vida diaria y desconocemos lo nuestro. "No puede amarse lo que no se conoce" reza un viejo refrán. Y lo que no amamos no nos interesa, no nos importa. Es así como los problemas que sufren las regiones de nuestro Chile se vuelven tan difíciles de resolver, se vuelven invisibles para la mayoría de los capitalinos incluyendo allí a las autoridades, a los senadores y diputados, que irónicamente, son elegidos por la gente de las regiones aunque muchas veces impuestos por las cúpulas respectivas que funcionan en la capital.

Cuando era pequeña y mis padres me llevaban a un lugar desconocido lo primero que hacía era recorrer el entorno inmediato, ponerme en contacto con la naturaleza, con el territorio circundante, asumirlo como parte de mi existencia. Conocer a las personas que residían allí, enterarme de sus costumbres, tocar a sus animales, observar sus árboles y plantas y mirar por donde aparecía o se ocultaba el sol. Eso bastaba para amar el lugar y su gente.

Podemos empezar por fomentar lo básico, conocer bien nuestro barrio o poblado, luego nuestra comuna. Saber el nombre de las principales calles o lugares si es un entorno rural, si hay cerros, ríos, parques, playas, visitarles al menos una vez. Conocer el nombre de las autoridades locales y de nuestros representantes en el congreso y sobretodo investigar la historia del lugar, sus orígenes, sus personajes destacados, sus costumbres y en lo posible participar en sus celebraciones, en sus instituciones, en su vida social.

Tenemos mucho de qué y de quiénes sentir orgullo y valorar, dejemos de mirar tanto hacia afuera, y fijemos nuestra mirada en lo nuestro, en lo regional, nos llevaremos una grata sorpresa.



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