EL Observador

15:44 hrs. Jueves 05 de septiembre de 2013 Pedro Serrano Rodríguez

Una escuelita en zona de sacrificio

Pedro Serrano Rodríguez / Académico Depto. de Arquitectura, Universidad Técnica Federico Santa María

Escandalosamente la nueva escuelita de La Greda, en Ventanas, que estaba en un lugar contaminado por agua aire y el suelo, se trasladó a un terreno a dos kilómetros de distancia, aún más contaminado. Vale decir que a kilómetros a la redonda ya no hay un suelo sano para una escuelita que mantenga sus niños sanos.

La maldad ya está hecha, hemos convertido buena parte de Puchuncaví en un lugar peligroso, y el peligro no solo está en las contaminaciones aéreas anotadas en la prensa, sino que está arraigado al suelo y las aguas por décadas de contaminación industrial. El área contaminada está perdida para quienes quieran vivir e incluso criar niños allí sin exponerse a un cáncer u otra patología asociada a decenas de elementos y moléculas nocivas para la salud, que no debieran estar allí.

De acuerdo a la literatura la designación de "zona de sacrificio" apareció en los Estados Unidos en 1987, cuando el movimiento de justicia ambiental asoció a la concentración de los males ambientales del desarrollo a un proceso más general que produce desigualdades sociales y raciales en dicho país.

Hoy se habla de "zonas de sacrificio" en los países petroleros, mineros e industriales de América Latina. En Chile tenemos varias de estas zonas, la mayor parte de ellas, irresponsablemente mal ubicadas y nunca nominadas como tales, como ocurre con los depósitos de plomo en varias ciudades del norte del país, la zona de Puchuncaví-Ventanas, Talcahuano, etc.

La legislación chilena reconoce recién zonas "saturadas" y "latentes", pero atención, saturadas de contaminantes conocidos y en la norma, si el contaminante no está considerado en sus rangos peligrosos entonces no existe. La zona de Puchuncaví-Ventanas tiene territorios "destrozados" por la actividad industrial humana y por lo tanto, inaptos para la vivienda o actividades humanas sin protección. Se supone que las industrias locales entregan a sus funcionarios equipos de protección adecuados. Más de 130 casos de cáncer en trabajadores, presentados por una agrupación local indican que esto no ha ocurrido en verdad como debiera.

Ventanas cumple con lo que se entiende como de "zona de sacrificio", de algún modo se ha permitido el desarrollo del territorio industrial mencionado. Plantas eléctricas, fundiciones, industrias químicas variadas y otras, han traído los muchos beneficios del desarrollo, pero los ?maleficios? del mismo los han recibido los primitivos habitantes, su agricultura, su pesca, su salud y sus vidas.

El mercado que desarrolla estas "zonas de sacrificio", no puede pasar impunemente por alto estos costos, algunos de ellos como la muerte y sufrimiento de inocentes, pobres más encima, son difíciles de evaluar.

Está ya muy claro que el mercado no tiene ética respecto del desarrollo, y por lo tanto resolver esto corresponde a una supervisión y regulación desde el Estado, la libertad para "embarrarlas" a estos niveles, no es precisamente una libertad deseable.



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